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El mayor gasto energético obliga a las familias españolas a cambiar sus hábitos de consumo


Los españoles retrasan su decisión de compra de bienes como vehículos o enseres domésticos. una. Gómez

El Banco de España alerta de la caída del ahorro en los hogares de bajos ingresos, que empiezan a limitar su gasto en bienes duraderos

Madrid. Las medidas de apoyo del Gobierno no han impedido que la subida de los precios de la energía en el último año haya pasado factura no sólo al bolsillo de los españoles, sino también a sus hábitos de consumo. Destinar la mayor parte del presupuesto familiar a la factura de la luz ha supuesto tener que recortar otras partidas, tal y como confirma el Banco de España en un informe publicado ayer, en el que este supervisor financiero advierte de que esta situación ha sido especialmente notoria en los hogares con menores ingresos « dado que la factura energética absorbe una mayor proporción de sus ingresos».

Es verdad. Se puede decir que la energía es un bien de primera necesidad. Por ello, según explica la institución, “ante el aumento de su coste, los hogares tenderán a realizar ajustes insignificantes en su demanda y reducir su gasto en otros bienes o su nivel de ahorro”.

Es algo que ya está pasando. El Banco de España insiste en el fuerte vínculo que existe entre las perspectivas de gasto de los hogares y la inflación. Y ante precios desbocados del 10,8% en julio, la conclusión es clara: habrá menos consumo y habrá que tirar del ahorro -quien tenga margen- para hacer frente a los gastos básicos.

La media de productos incluidos en la cesta de la compra cae un 23,6% desde la guerra

El organismo insiste en que las perspectivas de los hogares sobre la evolución de sus ingresos se han empañado con un «cierto deterioro» desde el estallido de la guerra en Ucrania. Y también han empeorado las de la evolución de la inflación, algo que, junto a la subida de los tipos de interés en el caso de los hogares más endeudados, «condiciona las expectativas sobre su situación financiera».

Artículos afectados

El difícil entorno actual parece estar afectando, sobre todo, a determinadas partidas de gasto. Es el caso de los bienes duraderos que, como señalan los expertos, “suelen verse más afectados por episodios de repunte de la incertidumbre, deterioro de la situación patrimonial de las familias o reducción de su poder adquisitivo”.

Esta situación ya estaría obligando a algunos hogares a postergar sus decisiones de compra de productos como equipamiento del hogar o automóviles. Solo hay que echar un vistazo a las estadísticas de matriculaciones para comprobarlo: en julio, mes tradicionalmente positivo para el sector, cayeron un 12,5%, siendo el canal individual el que acapara la mayor parte del descenso.

En cambio, el panorama de gasto durante las vacaciones se ha recuperado en los últimos meses, al calor de la eliminación de las restricciones asociadas a la pandemia. Pero en los hogares de menores ingresos no se ha producido esta situación. Y es que lo que antes se destinaba al descanso estival, ahora se tiene que ir a absorber la escalada inflacionaria.

Lo mismo que ocurre con los bienes duraderos ocurre también con la cesta de la compra, dado el evidente traspaso que la subida de los precios de la energía ya ha tenido a los alimentos, con especial incidencia en los de primera necesidad.

Esta situación también ha cambiado el comportamiento del consumidor en el supermercado. Según un estudio de la consultora Gelt, los españoles llenan la cesta de la compra con menos productos que antes, optan por los más baratos y las marcas blancas ganan peso sobre el total. En concreto, y según un análisis de la firma, entre junio de 2021 y el mismo mes de 2022 se produjo una caída del 23,6% en el número de productos incluidos de media en una compra. Aun así, el coste medio de cada transacción ha subido un 8,3% en el periodo analizado, “de forma que los consumidores se ven obligados a realizar compras más pequeñas con el mismo presupuesto o ligeramente superior”.

Todos los alimentos han sufrido aumentos de precios generalizados. En promedio, el 25,8% de junio a junio, siendo el pan, los cereales, la harina y algunas frutas y verduras los que presentan los mayores incrementos. Ante este aumento de costes, la cuota de las marcas propias se situó un 3,2% por encima de su media habitual en junio. Y todo a pesar de que, según Gelt, han subido sus precios más que los fabricantes: un 18% frente a un 10%, respectivamente. José Luis Varela, Global Head of Data de Gelt, explica que esta situación ya está generando un nuevo perfil de consumidor, con marcadas características en las que se detectan «menos fidelidad, decisiones más centradas en el precio, eliminación de productos de capricho y tendencia». buscando ofertas.


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