Skip to content
El crimen en la carretera de Málaga a Almería


Parece que la tragedia que tuvo lugar en aquellos días de febrero de 1937 empieza a extenderse más allá de nuestras fronteras. El héroe de ese drama se llamaba Norman Bethune (1890-1939) y era un médico canadiense que dedicó su vida a ayudar a los débiles. Fue lo suficientemente valiente como para arriesgar su vida, lo suficientemente generoso como para desprenderse de todo lo que poseía. Murió en China, a donde había ido cuando el país estaba en guerra con Japón, para construir un hospital y formar a sus médicos. Tenía 49 años y parecía un anciano de unos 80 años.

Málaga fue tomada por las tropas franquistas la mañana del lunes 8 de febrero de 1937. La evacuación de la ciudad, por llamarlo así, había comenzado unos días antes, aunque la mayor parte de los milicianos y republicanos huyeron el día anterior. Huyeron por temor a los ultrajes, violaciones y asesinatos de los moriscos que componían las fuerzas nacionales. Cerca de cien mil malagueños y refugiados huyeron por la carretera de Málaga a Almería, lo que popularmente se conoció como la desbandada.

Bethune llegó a Almería, procedente de Barcelona, ​​en una ambulancia. Era la tarde del miércoles 10 de febrero. Inmediatamente decidió ir a Málaga para ayudar a los heridos. Después de unos kilómetros comenzó a encontrar a los primeros fugitivos. Eran los más fuertes y iban montados en caballos o burros. Llevaban en la carretera al menos cuatro o cinco días. Sin embargo, poco después, comenzó a ver imágenes que quedarían grabadas en su retina para siempre:

«Andaban con los ojos en blanco, síntoma inconsciente de agotamiento (…). Eran como dolientes detrás de un coche fúnebre, sombras que se deslizaban de la nada a la nada».

Hubo momentos en que solo se oía el sonido del mar y el roce de las alpargatas sobre el asfalto. Uno con los pies descalzos, goteando sangre, estaba sentado exhausto en el hombro. Otro empujó a su amado burro, moribundo y sin fuerzas, por el acantilado para que rodara hasta la playa y no sufriera más. Millas y millas de seres humanos serpenteaban como orugas por el sinuoso camino. Los doscientos kilómetros que separan Málaga de Almería se habían convertido en una interminable procesión humana. Muchos habían estado caminando durante varios días y no tenían fuerzas para más, pero tenían miedo de que se detuvieran y los fascistas los alcanzaran. Ya no había un frente de guerra: las líneas defensivas simplemente se habían derrumbado.

Al descubrir esta tragedia humana, Bethune pensó que no tenía sentido seguir hasta Málaga. Así que decidió vaciar la ambulancia de todo el material inservible, para tener espacio, y transportar solo a los niños a Almería, algunos abrazados a sus juguetes. En el primer viaje, cuarenta niños y dos mujeres iban hacinados en el vehículo. La ambulancia fue conducida por Thomas Worsley y Hazen Size (quien tomó las dramáticas fotos), héroes que también salvaron muchas vidas. Mientras tanto, Bethune se quedó organizando el próximo viaje. Así fueron cuatro días con sus cuatro noches. Perdieron la noción del tiempo.

En medio de tanto sufrimiento y desolación, la imagen surrealista de un vendedor ambulante con una carretilla llena de naranjas. Bethune los compró todos, los dividió y se quedó con uno solo. Los aviones bombardearon a la población indefensa. En Almería avisaron al gobernador que era urgente enviar medios de transporte, pero en la ciudad no quedaba nada con ruedas. Las calles estaban llenas de gente que no tenía dónde quedarse ni adónde ir. Almería también fue bombardeada, atacando a los refugiados que habían logrado llegar. Cincuenta civiles y dos soldados murieron en una noche. La derrota se cobró unos tres o cuatro mil muertos (cifra superior a los trescientos del bombardeo de Guernica). Hoy su héroe, Norman Bethune, tiene una estatua en el centro de Montreal. Debería ser más recordado entre los malagueños.


Sp grp1

No todas las noticias en el sitio expresan el punto de vista del sitio, pero transmitimos estas noticias automáticamente y las traducimos a través de tecnología programática en el sitio y no desde un editor humano.