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Zóbel, un pintor abstracto en diálogo con los grandes maestros


Exposición ‘Zóbel. El futuro del pasado’, en el que se muestran algunos de los cuadernos de trabajo del artista. / DANIEL GONZÁLEZ / EFE

El Prado se abre al arte contemporáneo

El Museo del Prado, donde dibujó sin rendirse, le dedica una exposición en la que muestra sus cuadros, cuadernos y apuntes

antonio paniagua

Un creador que supo unir tradición y modernidad, Fernando Zóbel (Manila, 1924-Roma, 1984), ha entrado en el Prado. Campeón del arte abstracto español, Zóbel era un hombre curioso y políglota: hablaba inglés, francés, alemán y español, se adentraba en el estudio de la caligrafía china y tocaba la flauta traversa. Viajero impenitente, conocedor de la obra de García Lorca e infatigable visitante del Prado, en 1960 se instaló en Cuenca, donde hace 56 años fundó el Museo de Arte Abstracto. Una muestra de sus cuadernos y pinturas, enmarcadas dentro de las vanguardias del siglo XX, puede verse en la exposición ‘Zóbel. El futuro del pasado’, que se podrá ver en la pinacoteca hasta el 5 de marzo de 2023.

La exposición está compuesta por 42 pinturas, 51 cuadernos y 85 dibujos y obras sobre papel, procedentes de colecciones españolas, filipinas y norteamericanas. Zóbel, que entendió la pintura como un medio para recorrer los caminos por los que discurre la historia del arte, supo captar la sensibilidad y sutileza de la caligrafía y la pintura asiáticas. “La exposición llamará la atención sobre sus pinturas, pero su columna vertebral es el testimonio que ha quedado de sus cuadernos de trabajo”, afirma el comisario de la muestra y director de Museos y Exposiciones de la Fundación March, Manuel Fontán.

dibujo antiguo

Descubridor temprano del dibujo antiguo en la Biblioteca Houghton de la Universidad de Harvard, el joven Zóbel quedó fascinado con el trabajo de los artistas de vanguardia que el director de la Escuela de Arquitectura, Walter Gropius, había invitado a exhibir en el campus: Joan Miró a Josef Albers, de George Grosz a Richard Lippold. Zóbel quedó cautivado tanto por la literatura como por la literatura, dos pasiones que coagularon en sus ilustraciones para su traducción al inglés de ‘Don Perlimplín’ de Lorca, dibujos en los que late la influencia de la estética Bauhaus.

A los 22 años llegó a la Universidad de Harvard, tras sufrir una larga enfermedad que lo dejó postrado durante meses en una cama ortopédica. La vida académica de Cambridge lo deslumbró. Allí descubrió la obra gráfica de Goya, el arte americano contemporáneo y la herencia de la Bauhaus. En el Museo del Prado, su laboratorio y santuario, estudió las obras del genio de Fuendetodos, así como de Ribera, Zurbarán, Tintoretto y Velázquez, cuyas obras quedaron esbozadas en sus cuadernos.

Gran parte de la exposición se estructura a partir de bocetos y anotaciones, cedidas por la Fundación Juan March, entidad que salvaguarda su legado. «Pintaba dibujando, veía dibujando. Sus obras llegaron tras un proceso de sublimación», asegura Manuel Fontán.

La exposición se organiza en torno a cinco espacios y reconstruye el itinerario poético y artístico de Zóbel. En uno de ellos se muestra su aportación a la pintura abstracta, aportación que se materializa con los estudios realizados en museos de todo el mundo. “No hay autor de vanguardia que haya hecho un trabajo tan sistemático”, dice Felipe Pereda, uno de los comisarios de la exposición.

La exposición entrelaza las propias obras de Zóbel con los viejos maestros en los que buscó inspiración. Así, la exposición permite comprobar los paralelismos entre ‘Alegoría de la castidad’, del artista renacentista Lorenzo Lotto en la National Gallery de Londres, con dos de sus obras, ‘Sueño de la doncella’ y ‘Sueño de la doncella II’ . También analizó con precisión ‘Las Hilanderas’ hasta encontrar en sus líneas el andamiaje creativo de Velázquez.

En el Museo del Prado, su laboratorio y santuario, estudió la obra de Goya, Ribera, Zurbarán, Tintoretto y Velázquez.

Fundador de la Galería de Arte Ateneo de Manila y del Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca, Zóbel fue un incansable conferenciante y educador en Manila.

Compartió estudio con la pintora Carmen Laffón y comenzó a adquirir obras de artistas españoles contemporáneos con la intención de apoyar a una generación que consideraba extraordinariamente brillante y que vivía un momento histórico y político difícil, bajo un régimen franquista indiferente, si bien no despectivo, del art. vanguardia

Fernando Zóbel admiraba a Rubens y Rembrandt, a los que contemplaba obsesivamente en el Rijksmuseum de Ámsterdam, devoción que compatibilizó con Pollock. «Todos le hemos creído a la película que el arte moderno es algo que surge de la nada, de lo radicalmente nuevo. Pero en realidad, todo el mundo tiene un pasado. Zóbel era muy consciente de eso”, dice Fontán.


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