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Mejor humor checo |  revista sur


Se trata de un genial relato esperpéntico que combina la comedia irónica de Rabelais con la parodia cervantina y la picaresca de Lazarillo de Tormes.

Contemporáneo y compatriota de Kakfa en una Praga bilingüe donde el autor de La Metamorfosis escribía en alemán y la intelectualidad frecuentaba los cafés literarios, Jaroslav Hasek escribía en checo y apagaba su sed en las tabernas donde la cerveza sólo dejaba de fluir cuando se abría un paréntesis de Ron. La obra maestra de Hasek y de la literatura escrita en checo, ‘Las aventuras del buen soldado Svejk’, estaba prevista para seis tomos, aunque la tuberculosis que padecía su autor tramaba otros planes fruitivos y hasta furtivos, y el buen soldado debía salvar usted mismo por los cuatro libros que el bacilo de Koch no engulló. La novela de Hasek, un genial relato grotesco que combina la comedia irónica de Rabelais con la parodia cervantina y la picaresca anónima del Lazarillo de Tormes, se ubica geográficamente en Sarajevo y temporalmente el 29 de junio de 1914, al día siguiente del asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria que precipitaría el inicio de la Primera Guerra Mundial – Bertolt Brecht, quien una vez dijo que si tuviera que seleccionar tres libros destinados a formar parte de la literatura universal, uno de ellos sería sin dudarlo ‘Las aventuras del buen soldado Svejk’ , se inspiró en el personaje de Hasek para escribir una especie de continuación de las aventuras del soldado, titulada ‘Schweyl en la Segunda Guerra Mundial’-. El señor Svejk, un veterano soldado austrohúngaro convertido en falsificador de perros de raza, es arrestado en la taberna donde comentaba con otros bebedores la muerte del Archiduque, y encerrado en la jefatura de policía, «Svejk preguntó a todos por qué habían sido arrestados. Los cinco que estaban en la mesa le dieron casi la misma respuesta: -Por Sarajevo -Por Fernando -Por Fernando -Por el asesinato del archiduque -Porque han matado al archiduque. El sexto, el que se separó de los demás, dijo que no quería tener trato con ellos para que no sospecharan de él, porque sólo estaba allí por haber intentado robar y asesinar a un campesino de Holiz». Tras ser interrogado por el juez de instrucción y examinado por una comisión de médicos forenses que decidieron internarlo en un manicomio -«La verdad es que no sé por qué los locos se enfadan cuando los encierran. Allí uno puede arrastrarse desnudo por la hierba, aullar como un chacal, mugir y morder. Si uno quisiera hacer eso en otro lugar, la gente se sorprendería, pero ahí es algo natural. Hay allí una libertad que ni los socialistas han podido soñar (…) El más salvaje era un hombre que pretendía ser el tomo 16 del diccionario de Otto. Les pidió a todos que abrieran y buscaran la frase ‘costurera de cartón’ porque si no estaba perdido. Solo se calmó cuando le pusieron la camisa de fuerza. Luego se quedó tranquilo porque pensó que estaba en la prensa vinculante»-, los psiquiatras contradicen el diagnóstico de idiota manifiesto que Svejk se empeña en conservar desde sus días en el ejército y lo devuelven a las celdas policiales, «hermoso grupo de bestias burocráticas cuya esfuerzos y esfuerzos se concentraron en la cárcel y el patíbulo”, de donde regresa orgulloso a su hogar esperando su llamado a pesar de su reumatismo crónico. Si la tisis de Hasek finalmente impidió que el soldado Svejk entrara en combate, sí le permitió narrar las diversas aventuras, cada una más hilarante que la del escritor checo, utilizando la idiotez de su protagonista como arma cargada de lucidez, estructura durante el primer año de la Gran Guerra y dividida en episodios constitutivos de una sátira demoledora sobre la estupidez humana en general y sobre la guerra en particular, y cuyo estilo no dejará de reconocer los sospechosos habituales de la obra de Bohumil Hrabal, influido sin duda por el de su antecesor en la vida praguense. y letras checas. Libro apto para lectores con un grado de exigencia de 7,9 en la escala de Valente (de 0 a 9, aquí y en Praga).


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