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‘La aparición de la demencia se retrasa entre cuatro y nueve años en personas que hablan más de un idioma’


Aunque estudió medicina en su país natal, Argentina, Marcelo Berthier llegó a Málaga hace 32 años atraído por la calidad de vida de la ciudad. Ahora, este catedrático de Neurología de la universidad y científico del IBIMA es reconocido internacionalmente como pionero en un tratamiento combinado para la afasia (un trastorno del lenguaje que dificulta la comunicación a través del habla o la escritura después de una lesión cerebral) que utiliza medicación, rehabilitación del lenguaje y Estimulación cerebral no intensiva.

–¿Qué tiene el cerebro que le ha hecho dedicarle tanto tiempo de su vida?

–Los humanos somos nuestro cerebro. Lo regulan todo y yo me he especializado en ese campo desde 1980, cuando empecé a trabajar con personas que habían perdido el idioma por algún tipo de daño cerebral. Mi interés siempre estuvo en estudiar las bases biológicas del lenguaje. Es lo que nos hace humanos, lo que nos diferencia de otros primates y es un tema fascinante y enigmático, aunque la sociedad apenas le presta atención.

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–¿Cómo podemos cuidar mejor nuestro cerebro?

–El ictus es una de las causas más frecuentes de afasia, por lo que hay que controlar los factores de riesgo vascular (hipertensión, diabetes, colesterol, tabaquismo, obesidad, sedentarismo, etc.), pero también hay otras cosas que una persona sana puede hacer. Por ejemplo, alguien que es bilingüe tiene mayor reserva cognitiva, más capacidad en su cerebro que alguien monolingüe. De hecho, los síntomas de la demencia se retrasan entre cuatro y nueve años en personas que hablan más de un idioma, por lo que utilizar otro idioma, leerlo y entender lo que lees es fundamental. La parte del cerebro que regula nuestro lenguaje tiene que mantenerse activa, por lo que hablar uno o varios es deseable.

–Después de tantos años de estudio, ¿qué ha sido lo más revelador?

–Históricamente se creía que solo existía una remota posibilidad de recuperar el lenguaje después de una pérdida total o parcial como consecuencia de un daño cerebral; ahora, sabemos que no es así. Ese ha sido el gran reto: encontrar formas para que las personas con afasia se vuelvan a comunicar de alguna forma y recuperen su calidad de vida.

–El anuncio de que Bruce Willis se retiraba tras ser diagnosticado con afasia ha centrado la atención mediática sobre este trastorno. ¿Cuál es la probabilidad de que una persona sana la padezca?

–La afasia tiene múltiples causas: en los adultos, la más común es el ictus y los accidentes cardiovasculares en general; también enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer o la afasia progresiva primaria, que es probablemente la que tiene Bruce Willis; pero también, podrían ser tumores o traumatismo craneoencefálico. Cuanto mayor seas, mayor será el riesgo de padecer una de estas condiciones, y por tanto la probabilidad de padecer afasia. Es un síntoma de ciertas condiciones neurológicas y sus características clínicas y la forma en que evolucionan a largo plazo son diferentes. Con un tumor maligno va a ser peor que en alguien que tiene un ictus. En general, las enfermedades que afectan al hemisferio izquierdo del cerebro, responsable del lenguaje, son susceptibles de provocar afasia. La gran mayoría de las personas diestras tienen el lenguaje lateralizado en el lado izquierdo del cerebro. Los zurdos suelen comportarse de forma similar a los diestros, pero pueden tener localizaciones más atípicas en ambos hemisferios cerebrales y, excepcionalmente, en el derecho. Eso también ocurre con los que son ambidiestros.

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–¿Eso quiere decir que el riesgo de padecer afasia está relacionado con que la persona sea diestra o zurda?

–No necesariamente, porque vemos diestros que recuperan bien y zurdos o ambidiestros que no. La afasia es un trastorno heterogéneo en el que intervienen muchas características personales. Si a una persona analfabeta le afecta, no será lo mismo que a una persona con alta capacidad. Su capacidad de recuperación es muy diferente. Una persona analfabeta tiene un vocabulario muy limitado, sorprendentemente consta de solo 300 a 500 palabras, mientras que un graduado universitario puede usar alrededor de 30.000 palabras. Eso significa que su lenguaje es más amplio, más rico y más distribuido en el cerebro. El margen de recuperación es mayor en alguien que tiene más vocabulario, porque tiene más recursos, más posibilidades de encontrar alternativas para esas palabras que no puede pronunciar.

–¿La afasia puede pasar de un día para otro?

-Depende. Bruce Willis tuvo tiempo de preparar comunicados de prensa anunciando su retiro por lo que nos hace pensar que su enfermedad evolucionó lentamente, como lo hacen las enfermedades neurodegenerativas. En cambio, si alguien tiene un ictus, pasa de poder hablar a no poder hablar, sin más. Es un cambio repentino y eso indica cuál podría ser la causa.

–Y cuando pasa, ¿cómo gestiona la gente la impotencia de querer expresarse verbalmente y no poder?

–Depende de la gravedad de la afasia. Alrededor del 30 por ciento de las afasias secundarias son graves, aunque eso no significa necesariamente que no vayan a mejorar. Sin embargo, la afasia es un trastorno devastador. En un estudio realizado en Toronto, Canadá, en 2010, preguntaron a 65.000 ancianos en residencias qué afectaba más su calidad de vida. La afasia ocupaba el primer lugar, por delante del cáncer y la tetraplejia. Cuando alguien pierde la capacidad de hablar va a perder su trabajo, sus finanzas se verán afectadas, sus relaciones con familiares y amigos van a ser diferentes, tiene mayor riesgo de sufrir depresión, ansiedad y frustración. Perderán autonomía, porque a veces no pueden moverse. La afasia es la piedra angular, pero hay una serie de efectos colaterales que reducen la calidad de vida. Es por eso que nuestro trabajo no es solo tratar los problemas del idioma, sino todos los efectos secundarios asociados.

–¿Cuál es el lado más oscuro de este trastorno?

–El peor de los casos es cuando hay muchos efectos secundarios. Hay muchas enfermedades graves e incluso mortales que durante mucho tiempo no crean los mismos impedimentos. Por ejemplo, un paciente diagnosticado con esclerosis lateral amiotrófica, que también es devastadora, puede vivir aceptablemente los primeros años. Sin embargo, alguien con afasia pierde mucho desde el primer día. La única diferencia con el resto es que pueden recuperarse, al menos parcialmente.

–¿Hay signos inequívocos de que algo no va bien?

-Y es. El primero es la capacidad de alguien para comunicarse como suele hacerlo, la dificultad para recordar ciertas palabras o la lentitud en la comunicación. También comienzan a decir palabras que no tienen sentido, es posible que no entiendan lo que leen, no puedan leer en voz alta o escribir. Todos ellos indican una alteración en el lenguaje y son una señal de advertencia, especialmente si ocurren de repente. En las enfermedades neurodegenerativas, el síntoma más común es la incapacidad para pronunciar palabras, por ejemplo, si quieren decir ‘taza’ pero no pueden. Saben lo que quieren decir, pero no pueden acceder a la palabra para pronunciarla.

–¿Y las autoridades dan un trato adecuado?

–Las unidades de ictus juegan un papel fundamental en el diagnóstico precoz para revertir los efectos y que la afasia no se produzca o, si se produce, sea menos grave. Cuando se trata de atención crónica, creo que podría mejorarse. Como la sociedad no sabe qué es la afasia, el Estado no le presta mucha atención. Los recursos son buenos, pero podrían optimizarse. La atención remota es uno de los métodos más utilizados durante la pandemia y es más económica que las terapias presenciales. Espero que continúe. De hecho, tenemos un proyecto que tiene como objetivo demostrar que la terapia en línea puede funcionar y es más económica de aplicar. Reduce los costes y no deja a los pacientes aislados, porque uno de los motivos por los que los pacientes con afasia abandonan sus terapias es el problema del transporte.

–¿Qué papel juega su unidad?

–Se creó en 2004 y desde entonces el equipo, que es multidisciplinar, ha ido aumentando en número de investigadores. Hay psicólogos, logopedas, lingüistas, ingenieros informáticos (neuroimagen) y neurólogos para tratar todos los aspectos del trastorno. Hemos sido pioneros en el tratamiento de la afasia con medicación y la utilizamos junto con técnicas de rehabilitación intensiva y estimulación cerebral no invasiva. Usados ​​juntos, los resultados son más sólidos.

–Pero por el momento su unidad todavía solo hace investigación.

–Es una unidad de investigación con proyectos en marcha en los que son bienvenidas a participar personas que cumplan una serie de criterios. Pero no todo el mundo con afasia, porque no somos un centro de tratamiento. Nos abrumaríamos si intentáramos hacer ambas cosas: solo en Andalucía, 7.000 personas al año sufren un ictus. Sin embargo, como institución pública, brindamos asesoramiento y análisis gratuitos.

-¿Qué comes después?

-Ahora sabemos mucho sobre el hemisferio izquierdo y cómo se repara el cerebro, pero uno de los mayores desafíos es identificar los factores predictivos. Nos gustaría saber si alguien podrá recuperarse por completo o no, para que podamos adaptar nuestra estrategia de tratamiento con ese conocimiento a mano y encontrar lo que funcionará mejor para ellos.


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