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Gobierno de coalición

Un pow-wow de los nativos americanos es un momento para festejar y festejar. Hoy no habrá nada de eso. Hay un pow-wow como ha llegado a significar: una reunión, preferiblemente una que involucre a los que están en términos amistosos. Y si no hay total cordialidad, al menos habrá algún paso de la pipa de la paz.

El Partido Popular asiste a un pow-wow institucional que, si no está marcado por la total sintonía, se ha presentado como un encuentro de acción consensuada. Tras negarse sistemáticamente a aceptar una invitación para participar en el llamado diálogo social, el PP ha dejado de lado sus objeciones en nombre del “respeto y la lealtad institucional”.

Apuesto a que tienen.

Mesa de debate de inspiración Covid, ahora hay crisis que lleva al PP a sus escaños. Las “medidas urgentes” no pueden esperar más, observa Marga Prohens, de quien los fieles del PP esperan que se restablezcan las fortunas del partido que alguna vez fueron tan ricas que el El PP podría gobernar solo en Baleares, sin inconvenientes como la coalición.

Si bien Prohens aseguró a los fieles la semana pasada que estas fortunas volverán, y dentro de unos catorce meses, ella sabe cuánto se han reducido. Ah, por los días de 2011, cuando José Ramón Bauzá podía gobernar Baleares con 35 de los 59 escaños en el parlamento. Estos bajaron a 20 en 2015 y luego a 16 en 2019. La recuperación, tal como es, representa un ganancia de dos escañossegún la encuesta del fin de semana.

¿Gobernar solo? Olvídalo.

¿Por qué ir al pow-wow ahora? Crisis hay, pero crisis ha habido. Mientras tanto, el tiempo ha pasado y el ciclo electoral de cuatro años se ha movido con él. Para el PP hay condiciones de legitimidad y de visibilidad, y hay el elefante en el cuarto que ya no se puede ignorar -coalición y que implica a Jorge Campos y Vox.

Prohens no puede tener una visibilidad constante porque no es miembro del parlamento balear. No puede justar con Francina Armengol todos los martes. Campos puede y lo hace, no pocas veces sacando reproches del pacto de izquierdas en la línea del discurso del odio. Los escalofríos de la izquierda serán compartidos por el resto de la oposición, y eso va para los miembros del PP, especialmente los apegados a filosofías que Bauzá hizo mucho por pisotear. Cabe recordar que él y Jorge Campos eran bastante cercanos.

Unirse al círculo interior del diálogo otorga mayor visibilidad, mientras que la legitimidad de la participación contrasta con la manifestación populista de Vox frente al Ayuntamiento de Palma el fin de semana. La crisis no es un momento para la protesta política. Se trata de un debate sosegado, de un partido que reafirma una legitimidad que se remonta al primer gobierno regional de Gabriel Cañellas y por tanto también su reivindicación de gobierno.

El PP y su precursor, la Alianza Popular, eran el partido natural de gobierno de las islas que eran inherentemente conservadoras. Sin embargo, la dinámica político-social se ha alterado, acelerada por la irrupción del populismo de izquierda y derecha, mientras existe la insistencia constante de una minoría nacionalista. Prohens verá esa encuesta con tanta alarma como Francina Armengol. Algo más quizás. Una caída del PSOE de seis escaños se ve parcialmente compensada por un aumento de dos de Podemos, cuya imagen a nivel regional y nacional se ha suavizado mucho: Juan Pedro Yllanes, juez del Tribunal Supremo convertido en vicepresidente de Baleares, no es un despotricador.

Curiosamente, quizás, el elefante que ahora se deja salir de la habitación le da a Armengol más a lo que aferrarse. Ni Ciudadanos ni El Pi en Baleares quieren tener nada que ver con Vox. Según la encuesta, podrían facilitar una investidura de izquierda y establecer los términos para hacerlo. Mientras que para Prohens, también está la actitud de Alberto Núñez Feijóo, el moderado a punto de convertirse líder nacional del PP que no tiene grandes ganas de coalición con Vox.

Pero quedan catorce meses, catorce meses para que se desarrolle potencialmente mucho. Mientras tanto, nunca dejemos de lado el deseo de poder político, incluso a través de coaliciones no deseadas, a pesar de las palabras de Feijóo: “Es mejor perder el gobierno que ganarlo a través del populismo”.
Prohens, al aceptar la invitación, sigue en cierto modo la estela de Feijóo, que ha pedido a Pedro Sánchez un acuerdo nacional para afrontar la última crisis y que sirva de amortiguador a Vox. Es un llamado a reconocer la legitimidad y un paso en el camino, esperan Feijóo y Prohens, para recuperar aquellos tiempos de gobernar en soledad. Esto vendría por la legitimidad de las urnas, pero ahí es donde residen los temores del PP, al igual que los de los partidos del actual Gobierno en Baleares.

Miquel Ensenyat ha vuelto a un tema anterior de Més: el de aplicar un “cordón sanitario” a Vox y con el que quiere decir, por ejemplo, no debatir ciertos temas en el parlamento con Vox. Pero la gente ha votado a Vox, igual que a Més. Eso es el proceso democráticoy uno que, si se tiene en cuenta la encuesta de este fin de semana, puede resultar en un gobierno inestable, sin importar cómo se alineen los pactos.


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